Cada vez se presta más atención a los microorganismos del suelo, por las funciones ecológicas que éstos realizan: reciclaje, mineralización, estructuración, fijación de Nitrógeno y fuente de Carbono. Se calcula que el valor económico de estos servicios es de 14 billones de euros por la formación de suelo y 2 billones por el reciclaje de nutrientes.

 

Dentro de los microorganismos del suelo, las micorrizas han ganado un creciente interés no solo como productoras de hongos comestibles (hongos, trufas), sino también como ingenieras del ecosistema y biofertilizantes. En el caso de las Micorrizas Vesículo-Arbusculares (MVA), que no producen hongos comestibles, sino que su ciclo de vida está ligado al interior de la raíz de la planta, establecen una relación de beneficio mutuo (simbiosis) con un 90% de especies de plantas. La MVA provee de nutrientes minerales a la planta, principalmente Fosfato, a cambio de Carbono procedente de la fotosíntesis de la planta. Existen unas 6000 especies de MVA y pueden representar el 10% o más de la biomasa microbiana del suelo. Las MVA forman una malla fina a través del suelo (micelio), así como estructuras ramificadas (arbúsculos) dentro de las células de las raíces de las plantas; donde ocurre el intercambio de nutrientes minerales y Carbono.

 

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